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LOI o Carta de Intenciones: qué es, cuándo usarla y riesgos legales

carta de intenciones

Una LOI (Letter of Intent), también llamada carta de intenciones, es el documento que suele abrir el camino en muchas operaciones mercantiles antes de firmar el contrato definitivo. Se utiliza para fijar un marco de negociación razonable, alinear expectativas y evitar que las partes avancen “a ciegas”. Ahora bien, por su carácter preliminar, también puede convertirse en un foco de conflicto si no se delimita con claridad qué compromete a las partes y qué queda condicionado al contrato final.

En Beta Legal somos expertos en asesoría mercantil y ayudamos a empresas a preparar cartas de intenciones eficaces y seguras, especialmente en compraventas, inversión, acuerdos estratégicos y operaciones con due diligence. 


Qué es una carta de intenciones y para qué sirve

Este documento preliminar resume los términos esenciales de una operación y, además, define cómo se va a negociar. En la práctica, cumple dos funciones:

  1. Alineación: recoge los puntos clave (estructura, precio orientativo, calendario, condiciones) para evitar sorpresas más adelante.
  2. Orden: establece reglas del juego: confidencialidad, exclusividad, acceso a información, costes y plazos.

Por tanto, no es un contrato “final”, pero sí una herramienta útil para encauzar una negociación y reducir fricción, sobre todo cuando hay varias partes implicadas (socios, inversores, bancos, equipos directivos o asesores).


Diferencias rápidas con term sheet y MOU

Aunque los nombres se mezclan, conviene entender el uso habitual:

  • Carta de intenciones: suele tener un formato más narrativo y “de proceso”, muy utilizada en M&A.
  • Term sheet: normalmente más esquemático (lista de términos), frecuente en inversión y financiación.
  • MOU (memorandum of understanding): a menudo se usa como “acuerdo marco” en colaboraciones, proyectos conjuntos o alianzas.

Lo esencial no es la etiqueta, sino el contenido: especialmente, qué cláusulas son vinculantes y cuáles no.


Cuándo conviene utilizar LOI

No siempre hace falta. Sin embargo, resulta especialmente recomendable cuando la operación es compleja, hay riesgo de malentendidos o se quiere proteger el proceso de negociación. Algunos de los supuestos en que es habitual redactar una LOI son los siguientes:


1) Compraventa de empresa (M&A)

Es el escenario típico. Se suelen fijar: perímetro, estructura (venta de participaciones vs activos), rango de precio, calendario, due diligence y, en ocasiones, ajustes (deuda/caja, working capital) y condiciones de cierre.

2) Entrada de inversores o rondas de financiación

Ayuda a poner orden en el marco económico y de gobernanza: valoración orientativa, derechos básicos, hitos, documentación requerida y proceso de aprobación.

3) Compra de activos o unidad productiva

Cuando el perímetro es técnico (activos, licencias, contratos, personal), sirve para definir qué se pretende adquirir y qué queda excluido, evitando interpretaciones posteriores.

4) Joint venture o alianza estratégica

Permite fijar hoja de ruta: aportaciones, gobernanza, propiedad intelectual, confidencialidad, hitos y calendario para llegar al contrato definitivo.

En síntesis, se usa cuando conviene “cerrar lo esencial” sin firmar todavía el contrato final.

Qué debería incluir un buen documento preliminar

Aunque cada operación es distinta, estas piezas suelen ser las más relevantes:

  • Partes y objeto: quién negocia y sobre qué.
  • Estructura de la operación: compraventa, inversión, alianza, compra de activos, etc.
  • Precio orientativo y forma de pago (si aplica): pagos diferidos, earn-out, ajustes, etc.
  • Calendario: hitos, plazos de due diligence, negociación, firma y cierre.
  • Condiciones: financiación, aprobaciones internas, consentimiento de terceros, resultados de revisión.
  • Exclusividad: duración, alcance y condiciones de terminación.
  • Confidencialidad: definición de información, uso permitido, medidas y devolución/destrucción.
  • Costes y gastos: qué asume cada parte y límites razonables.
  • No captación / no competencia (si procede): especialmente en operaciones sensibles.
  • Ley aplicable y jurisdicción: para evitar incertidumbre si hay conflicto.
  • Cláusula de no vinculación (o de vinculación parcial): con delimitación clara.

El valor real está en la precisión: un texto ambiguo suele crear expectativas incompatibles y problemas al final.

Riesgos legales frecuentes

1) Exclusividad mal diseñada

Si la exclusividad es larga, amplia y sin “salidas”, puede bloquear a la parte vendedora sin garantías de cierre. Además, si no se define qué se considera incumplimiento, se abren disputas. Lo recomendable es fijar: duración, alcance, hitos y causas de terminación.

2) Confidencialidad insuficiente

En fase preliminar suele compartirse información crítica (clientes, márgenes, contratos, tecnología). Sin un buen marco de uso, custodia y devolución/destrucción, el riesgo crece. Además, conviene que alcance a empleados, asesores y proveedores que acceden a la información.

3) Expectativas creadas y ruptura “conflictiva”

Aunque se quiera mantener libertad para no cerrar, un proceso mal documentado puede terminar en reproches por ruptura abrupta, especialmente si se impuso exclusividad y se exigieron gastos relevantes. En operaciones delicadas, el modo de terminar la negociación y la coherencia con lo pactado importa.

4) Falta de condiciones y de un “camino de salida”

Si no se definen condiciones (aprobaciones, financiación, due diligence) y escenarios de cierre o no cierre, el proceso se alarga y se erosiona la confianza. Resulta recomendable prever: plazos, hitos y qué ocurre si no se alcanzan.

5) Perímetro ambiguo

Especialmente en compraventa de activos, una mala definición de qué se transfiere (y qué pasivos se asumen) puede generar conflictos incluso antes del contrato final.

6) Costes y gastos sin reglas claras

Es habitual que cada parte asuma sus costes. Aun así, si una parte exige auditorías o informes específicos, conviene pactar límites o reglas para evitar discusiones posteriores.

Preguntas frecuentes

¿Qué es una carta de intenciones?

Es un documento preliminar que recoge los términos esenciales de una operación y el marco de negociación antes del contrato definitivo.

¿Puede ser vinculante?

Puede ser parcialmente vinculante: normalmente no obliga a cerrar la operación, pero sí puede obligar en cláusulas como confidencialidad, exclusividad, costes o jurisdicción.

¿Cuándo conviene firmarla?

Cuando la operación es compleja o requiere ordenar un proceso: compraventa de empresa, inversión, compra de activos, joint venture o acuerdos estratégicos.

¿Qué riesgos aparecen con más frecuencia?

Exclusividad sin límites, confidencialidad insuficiente, ambigüedad sobre lo vinculante, falta de condiciones de salida y discusiones por costes o perímetro.

¿Qué debería incluir para ser segura?

Objeto, estructura, precio orientativo, calendario, due diligence, condiciones, exclusividad, confidencialidad, costes y una delimitación expresa de qué cláusulas son vinculantes.


Artículo revisado por Manuel Rodríguez, Abogado y Socio Fundador, especialista en Mercantil, Concursal, Bancario e Inmobiliario

Abogado y socio fundador

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